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De reyes magos, de planes de recuperación y de alondras ricotí

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Ayer les pedí a los reyes magos, vía Twitter, que las comunidades autónomas aprobasen, tal y como obliga la ley, los planes recuperación de las especies amenazadas antes de que se extingan y que aprueben los planes de recuperación de los espacios protegidos antes de que pierdan su valor.



Esta mañana, me levanté con cuidado de no pisar ningún excremento de dromedario, para ver si había sido lo suficientemente bueno, y sus mágicas majestades habían accedido a mi demanda. Hoy día 6 no se ha publicado ningún boletín oficial, así que habré de esperar hasta mañana para estar seguro, pero creo que no se ha cumplido mi deseo.

Por el contrario, me dejaron una bella reproducción de una alondra ricotí. Tal vez, lo han hecho para recordarme que la alondra ricotí se extinguió de Cataluña sin que se aprobase su plan de recuperación y que en Andalucía, Comunidad Valenciana y Murcia va por el mismo camino.

Las Comunidades Autónomas tienen la obligación de establecer medidas para la conservación de todas las aves silvestres desde 1986 y de aprobar planes de recuperación desde 1989. La Ley de Patrimonio Natural de 2007 dio un plazo de gracia hasta diciembre de 2010 que ninguna comunidad autónoma cumplió.

¿Cuándo se extinga una especie de una comunidad autónoma quién será el responsable? Los ciudadanos deberemos pedir explicaciones a Jordi Pujol, Pasqual Maragall y a José Montilla por la extinción de la Ricotí o habremos de pedírselas a sus Consejeros. Los juristas nos dirían que a la Generalitat. La realidad es que es un patrimonio que hemos perdido a manos de la desidia de nuestros gobernantes y de la voracidad y egoísmo de promotores y agricultores.

Feliz día de Reyes.

¿Dónde están mis abejas? ¿Dónde está mi futuro?

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Por casualidad, recogiendo una caja de documentos me encontré con un cuaderno de campo que rellené hace unos 25 años. En una de las páginas describo cómo en el pedazo de tierra que teníamos alrededor de nuestro viejo molino de agua casi derruido, en la alcarria conquense, volaban miles de abejas de muy diferentes especies. Se trataba de una pequeña parcela pero que rebosaba de flores y de abejas. Este verano, la parcela que rodea mi casa contaba con un gran número de flores, pero casi ninguna abeja ¿Dónde están mis abejas?

Albert Einstein profetizó que si la abeja desapareciera del planeta, al hombre solo le quedarían 4 años de vida. Así que ¿Dónde está mi futuro? Y lo que es más importante ¿Quién y cómo me lo ha arrebatado?

Desgraciadamente el seguimiento que se hace de las abejas es muy inferior al que se hace a las aves, pero ya se ha comprobado que el declive en las abejas puede rondar el 80% en los últimos cuarenta años y que las tasas de polinización se hna reducido un 50% en los últimos 20 años. Ya conocemos también las principales causas del declive de nuestras abejas: la intensificación agrícola y el cambio climático. La intensificación agrícola ha producido pérdida de hábitat, homogeneización del paisaje y la muerte masiva de abejas a manos de los insecticidas, mientras que se ha demostrado recientemente que el cambio climático está modificando la distribución de las especies y poniendo contra las cuerdas aquellas especies con pequeñas poblaciones y que dependen de un hábitat escaso.

La agricultura es la causante de la mayor pérdida de biodiversidad de Europa desde la segunda guerra mundial. No solo en abejas, en todos los insectos, en aves, reptiles, etc. Y lo mejor de todo es que la agricultura es una de las pocas políticas comunes de la Unión Europea y aquella que ha concentrado los mayores fondos comunitarios. Dicho de otra manera, los europeos estamos pagando de nuestro bolsillo una política que se ha mostrado ineficaz para mantener la población humana en el campo y muy eficaz en destruir nuestra biodiversidad.

Ahora estamos en un buen momento para dar un giro importante a esta situación. Estamos ante el inicio de una nueva reforma de la Política Agraria Común (PAC) y el primer documento de la Comisión Europea tiene aspectos realmente positivos. Sin embargo, todavía hay muchos reparos a introducir la componente ambiental en la política agraria. Sin ir más lejos el presidente de ASAJA ha manifestado que se siente profundamente preocupado por que la Ministra de Medio ambiente quiera hablar “de lo suyo” con los ecologistas ¿Cuándo se darán cuenta los agricultores que ellos se juegan tanto o más que cualquiera ante la desaparición de las abejas?

BirdLife trabajará duro para que la PAC sea más verde y permita un futuro mejor para la humanidad y el planeta.

Me viene a la cabeza un escrito del libro “Mi cuerpo de Tierra” de María Soledad Gallego Bernad que con más maestría lingüística que la mía escribió sobre este tema (sigue este enlace para ver este texto).

¿Cuanto cuesta que destruyan nuestra biodiversidad?

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Cada vez está más claro que no solo no tienen que pagar los que más destruyen, sino que nosotros les pagamos por destruir.

El pasado 23 de Junio SEO/BirdLife y WWF presentaron el informe “¿Quién contamina cobra? que relaciona claramente los pagos de la política agraria común con la destrucción de nuestro patrimonio natural y nuestra biodiversidad.

El estudio mostraba una relación perversa entre la intensidad de los pagos y el estado ambiental de la zona (agua sobreexplotada o contaminada, degradación del paisajes, etc.), en aquéllos países donde los pagos están basados en referencias históricas. También se observa que se mantienen de manera generalizada pagos muy altos a explotaciones que están destruyendo activamente la biodiversidad o que simplemente no producen ningún tipo de bien público. Mientras, los Sistemas Agrarios de Alto Valor Natural reciben ayudas marginales

Y lo peor de todo es que desde la Comisión Europea se viene defendiendo a la PAC como un fondo que debe financiar en parte la Red Natura 2000.

Pero este es solo un ejemplo. Ayer Luis Atienza, Presidente de Red Eléctrica Española denunciaba las ayudas abusivas a las energías renovables y en especial a la energía fotovoltaica. Según sus cálculos a esta energía se la financia con unas primas y con el compromiso de comprar toda su energía al coste real. Coste que va desde los 70 euros megawatio hora (MW/h) de la energía eólica a los 440 euros megawatio hora (MW/h) de la fotovoltaica. Y digo yo, ¿pagando todo este sobrecoste no podemos exigir que se instalen estas plantas productoras en lugares que no supongan un atentado contra la biodiversidad?

Estoy convencido que todos los ciudadanos debemos colaborar financieramente, a través de nuestros impuestos, con el desarrollo rural, con la agricultura y con las energías renovables, pero somos unos masocas si no exigimos que se haga con todas las garantías para salvaguardar nuestro Patrimonio Natural.

Atravesando el Sahara con la cantimplora agujereada

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En Europa, aproximadamente el 25% del agua extraída es utilizada en la agricultura (llegando en España al 80%), y de esta, solo un tercio es devuelto tras su uso a una masa de agua. Sin duda, la agricultura de regadío, es una de las amenazas más importantes para un gran número de especies y de hábitats que dependen directamente del agua.

¿Alguien piensa que es sostenible que en la cuenca del Segura se empleen 1.500 Hm³/año para la agricultura cuando la estimación total de recursos naturales de la cuenca del Segura es de 871 Hm³/año? Evidentemente, este uso desproporcionado supone una degradación de todas las masas de agua de su cuenca y, también, de la cuenca del Tajo de la que se abastece la huerta murciana a través de un Trasvase.

¿No es una barbaridad que el regadío haya privado a los ciudadanos del mundo del nacimiento de un río como es el Guadiana? Los famosos ojos del Guadiana hace tiempo que no brotan y aquí nadie dice nada. Si cualquier otro gran río europeo se secase desde su nacimiento hubiera sido el escándalo más grande de la historia.

Pero los grandes regadíos no son parte del pasado. Por ejemplo, la Generalitat de Cataluña ha solicitado este año a la Confederación Hidrográfica del Ebro 342 Hm³/año para el polémico regadío del Segarra-Garrigues, es decir el 12% del uso consuntivo anual de agua en Cataluña y la totalidad de la demanda del Sistema Ter-LLobregat que es el que abastece a la metrópoli de Barcelona. Este regadío supondrá, por ejemplo, un tercio del agua contemplada en el, afortunadamente, malogrado trasvase del Ebro al Levante.

Está claro que el regadío es un gran negocio que genera una gran presión social que lleva, incluso, a las administraciones a vulnerar sistemáticamente la ley para favorecerlo.

Sin embargo, hay métodos sencillos para limitar las prácticas abusivas: cobrar a los agricultores el verdadero precio del agua. Los agricultores se pasan a métodos de regadío que precisan un gran consumo de agua debido a los beneficios en materia de productividad que entrañan con respecto a la oferta. En España, por ejemplo, el 14 % de la superficie agrícola de regadío produce más del 60 % del valor total de los productos agrícolas.

Está claro, sin embargo, que los agricultores sólo recurrirán al regadío si el aumento de la productividad supera los costes de instalación de los sistemas de regadío y de extracción de grandes cantidades de agua. Es poco frecuente que los agricultores sufraguen plenamente el coste medioambiental y de recursos aparejado a los grandes sistemas de riego gestionados públicamente.

Estoy seguro que si, como obliga la Directiva Marco del Agua, los agricultores leridanos tienen que pagar, además de sus instalaciones de riego, el agua teniendo en cuenta el coste de un embalse, del canal principal, los canales secundarios, las medidas compensatorias, las medidas adicionales de los planes de recuperación de las especies esteparias de la zona y las medidas de los planes de gestión de las ZEPA que deberán llevarse a cabo para compensar el regadío, no habrá ni uno solo que riegue en la zona.

Nos encontramos ante una situación complicada y que se agravará como consecuencia del cambio climático y, encima, nos piden que paguemos de nuestro dinero al desalmado que nos agujerea la cantimplora mientras que atravesamos a pie el Sahara.