Ley de Economía Sostenible: una oportunidad perdida



Por lo general las fases de gran crecimiento económico son malas para el medio ambiente ya que requieren utilizar ingentes cantidades de recursos naturales. Por su parte las crisis económicas también son malas para el medio ambiente ya que, en nombre de la creación de puestos de trabajo, se aprueban impactos sobre el medio natural que, tal vez, en otras circunstancias no se hubieran dado. De esta manera, durante esta crisis, las medidas de los gobiernos pasan por facilitar los proyectos, reducir las exigencias ambientales, reducir los trámites burocráticos, reducir los plazos para los procedimientos de impacto ambiental, etc. Sin embargo, las crisis pueden conllevar cosas buenas, por ejemplo un cambio de los modelos productivos que llevaron a la crisis.

Hace un año, nuestro Presidente del Gobierno anunció que desarrollaría una Ley de Economía Sostenible que se basaría en tres pilares: la competitividad de las empresas, la sostenibilidad social y la sostenibilidad ambiental. Además anunció que la nueva economía debía basarse en el medio ambiente (sobre todo haciendo referencia a las energías renovables).

Bueno, ya tenemos el Anteproyecto de Ley sobre la mesa y las pocas expectativas que teníamos se nos han derrumbado. Bien es cierto que la mayoría de la Ley no es mala para el medio ambiente, pero es otra oportunidad perdida. En unos pocos días hemos perdido dos grandes oportunidades: Copenhague y la Ley de Economía Sostenible.

La Ley habla de reducción de emisiones pero los objetivos son insuficientes.
La Ley habla de ahorro de energía pero no cuantifica.
La Ley habla de energías renovables, pero se limita a los objetivos de la Unión Europea.

Sin embargo, la Ley no habla de recursos naturales, ni de biodiversidad, ni de agua, ni de ocupación de suelo, ni de muchas cosas que se ven afectadas por la economía salvaje en la que nos encontramos y que nos ha llevado de cabeza a la crisis.

Visto lo visto, y ya que hemos perdido una gran oportunidad, solo nos queda intentar que la Ley no sea muy perjudicial. En particular habrá que pelear por mejorar algunos de los objetivos ligados a la lucha contra el cambio climático y, sobre todo, quitar de la Ley que el silencio administrativo sea positivo. ¿Os imagináis? Solo habrá que solicitar por escrito permiso para desnidar águilas imperiales y si no nos contestan no tenemos más que subirnos al nido y llevarnos los pollos a casa.

Yo, solo de pensarlo se me ponen los pelos de punta.

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