El aeropuerto maldito



Un conocido proverbio turco advierte que “cuando el carro se haya roto muchos os dirán por dónde no se debía pasar”, pero en este caso, el camino por el que transitaría el aeropuerto de Ciudad Real fue avisado por SEO/BirdLife desde sus comienzos allá por 1998. En nuestras primeras alegaciones y declaraciones públicas hablábamos del dudoso futuro de este aeropuerto desde el punto de vista económico. Ahora 13 años después, los administradores concursales del aeropuerto de Ciudad Real han solicitado a la magistrado titular del Juzgado de lo Mercantil la autorización para llevar a cabo la suspensión de la actividad de dicho aeródromo por el plazo de un año.

Es un aeropuerto que ha contado con tres declaraciones de impacto ambiental, con una queja europea, con un observatorio medioambiental y una comisión de seguimiento. Pero sobre todo, con lo que ha contado es con unos promotores y gestores desastrosos.

Para empezar, eligieron fatal el sitio. Pese a haber un gran número de lugares en la provincia de Ciudad Real para poner un aeropuerto, acertaron a ponerlo en el interior de una Zona de Especial Protección para Aves (ZEPA). Esto les supuso un pulso con SEO/BirdLife y retrasar su autorización durante 10 años. Un tiempo precioso que permitió que se inaugurase la T4 y les restase cualquier posible rentabilidad económica.

Lo cierto es que los promotores estaban más interesados en la rentabilidad de la parte urbanística e industrial del proyecto que al propio aeropuerto. Pero para poder hacerlo necesitaban que se diesen dos circunstancias: 1) que alguien pusiese el dinero (así es más fácil promover), y 2) modificar la Ley de Ordenación del Territorio y de la Actividad Urbanística (LOTAU). Pues bien, dirigido por la Junta, Caja Castilla-La Mancha puso el dinero siendo unos de los ruinosos negocios que le llevaron a ser intervenida por el Banco de España. Además, la junta les modificó a medida la LOTAU.

Pero no fue suficiente, los retrasos por intentar pasar por encima de las normas ambientales les impidió aprovechar el boom de las Low Cost y así dar una apariencia de aeropuerto que pudiese atraer inversores para el polígono industrial.

El resultado es el que vaticinamos, un aeropuerto sin aviones y un impacto sobre el medio ambiente totalmente estéril. Pero ojo al dato, hace seis años predije que en la torre de control se asentaría una colonia de cernícalo primillas que redimirían el derribo, por parte de los promotores, de la chimenea de una fábrica de cerámicas en la que ya criaban los cernícalos. Lo hicieron para "evitarse" problemas. El tiempo nos dirá si el camino que describo es por el que no debía pasar este carro.


Nota del autor: Esta entrada fue publicada en el blog "Pluma y Conservación" de Público el 7/10/2011

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